Pa casa, bocazas


Diego Armando Maradona se ha pasado el Mundial diciendo lindezas y bravuconadas; con una injustificada seguridad y creyéndose un semidios -que ni es ni lo parece- no ha parado de opinar a diestro y siniestro; las dos últimas ocurrencias del tipo han sido asegurar que España eliminó a Portugal gracias al árbitro y afirmar que Dios quería que Argentina ganara este Mundial: se ve que necesita repasar el segundo mandamiento.

Hoy Alemania le ha dado a Argentina un baño morrocotudo, ha pasado por encima de ella y la ha mandado a casa, dándole una lección a este sujeto descontrolado y haciéndole callar para mucho tiempo. Hasta ahora los argentinos no habían tenido ningún encuentro de auténtica exigencia: Nigeria, Corea del Sur, Grecia y Méjico habían sido rivales más o menos dignos, pero ninguno de ellos tenía entidad suficiente para crear dificultades a la bicampeona; en cuanto ha aparecido un rival con cara y ojos, Maradona se ha caído con todo el equipo.

No pretendo hacer leña del árbol caído, pero a Argentina hasta ahora le había salvado la enorme calidad de su tripleta atacante: Leo Messi, Carlos Tévez y el "Pipita" Higuaín, reforzada en el banquillo con otros tres jugadores con pólvora en las botas: el "Kun" Agüero, Diego Milito y Martín Palermo, pero lo que se dice jugar al fútbol, lo había hecho más bien poco. Pienso que el papel de Maradona ha sido puramente testimonial: es un mito y su nombre provoca reverencias en la tierra de la Pampa, pero como entrenador no ha demostrado nunca nada. Hoy Alemania se ha impuesto de cabo a rabo, demostrando que puede ser en estos momentos la candidata número uno al título.

Y el Sr. Maradona, que emprenda el camino de regreso, ya no lo tendremos que ver pasear la banda con ese traje metido con calzador que le hace parecer un muñeco del "pim pam pum".

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